Dicen que el teléfono suena cuando tiene que sonar. Ese día, lo atendimos.
Fue una llamada larga, de esas que empiezan en Madrid y terminan en la colonia Portales, entre cables, café recalentado y un vestido de seda que nadie planchó “La Llamada” era eso: un intento por capturar lo que pasa antes y después del amor, cuando no hay nada que decir, pero igual marca número.